Avena vs. Raigrás.... los dos a la final?


La siembra de verdeos de invierno se ha tornado una práctica indiscutible en planteos ganaderos como la invernada o el tambo. Sin embargo, poco a poco su uso se ha ido extendiendo hasta llegar a campos de cría donde los verdeos dan la adecuada bienvenida a vacas recién paridas con mayores requerimientos.

¿Por qué recurrir a los vedeos de invierno?

La disminución de la oferta forrajera en los meses más fríos genera un balance forrajero negativo que debe ser compensado con la finalidad de sostener las cargas y en definitiva, la producción de carne o leche (Figura 1). Históricamente, el bache invernal fue cubierto gracias a cereales de invierno como avena y trigo doble propósito en campos de escasas limitaciones y centeno, cebada y triticale en zonas más marginales.

¿Qué especie elegir?

Fundamentalmente, las dos especies más empleadas en la pampa húmeda: avena o ryegrass anual. En los últimos años la balanza se ha ido inclinando paulatinamente hacia el segundo. La avena es utilizada por su mayor tolerancia a estrés hídrico y principalmente por producir altas acumulaciones tempranas de forraje, aunque en siembras muy tempranas se induzca precozmente el estado reproductivo de la misma. El ryegrass anual logra las mismas tasas de crecimiento otoñal que la avena un mes más tarde pero con la importantísima ventaja de ofrecer raciones mejor balanceadas nutricionalmente (proteínas solubles / carbohidratos no estructurales) que no limitan las ganancias de peso otoñales o al menos no tanto como el resto (Daniel Méndez y Patricio Davies, EEA INTA General Villegas). A partir de otoño y hasta el fin del ciclo productivo, su mayor tasa de crecimiento hace que el acumule más forraje en descansos más cortos y por un período mayor que la avena.

¿Qué diferencias hay entre ryegrasses?

La principal diferencia es de ciclo, existiendo variedades exclusivamente anuales, llamados “westerwold” o de tipo “westerwoldicum” y variedades que pueden llegar a ser bianuales en función de las condiciones ambientales y el manejo, llamadas “itálicas” o biotipo “italicum”, existiendo en ambos casos materiales precoces y tardíos. Existen en el mercado además, materiales diploides y tetraploides, siendo la diferencia más obvia la ploidía pero a los fines productivos, existe una clara ventaja en cuanto a calidad en estos últimos, dado que poseen una menor relación pared celular (menos digestible) / contenido celular (más digestible). Además de la calidad, hay una diferencia estructural entre ambos tipos: los diploides poseen mayor número de macollos y hojas más pequeñas y los tetraploides se caracterizan por tener hojas más anchas, ser de porte erecto y tener menos macollos pero más grandes.

Conclusiones:

Obviamente avena y ryegrass no son mutuamente excluyentes, la elección de uno no desestima al otro, sino todo lo contrario. Ambos cultivos pueden ser complementarios, encajando a la perfección en una cadena forrajera bien pensada y correctamente planificada. Sin embargo, a la hora de elegir, el ryegrass presenta ciertas ventajas ya discutidas en este trabajo: en siembras de fin de verano un primer aprovechamiento temprano (acentuado en variedades de rápido establecimiento, ej. Ryegrass tetraploide Abundant); mayor resistencia a plagas y enfermedades; respuesta lineal al agregado de fertilizantes nitrogenados; mayor período de aprovechamiento que permite la confección de silajes de alto volumen y calidad, etc. En el próximo artículo veremos algunas pautas para elegir correctamente la variedad de ryegrass.

Martín Mendez

p/José R. Picasso S.A.